"Desde aquí"
el blog de Reinaldo Escobar
Tuve un amigo a quien no se le podía mortificar. Alcibíades era un
hombre de muy mal genio y la familia y el vecindario había aprendido la
lección de que nadie debía contradecirle. Eso trajo, entre otras
consecuencias, que siempre era el último en enterarse de las malas
noticias y que en toda su vida adulta careció de un termómetro para
medir la aceptación de sus acciones. Obviamente murió de un infarto.
Me acordé de Alcibíades en los días que ocurrieron las detenciones de
personas de la sociedad civil que fueron a interesarse por sus amigos
frente a una estación de policía. Un agente de la seguridad del estado,
de cuyo nombre no pude enterarme, me advirtió con ademanes bastante
autoritarios que “ellos” no tolerarían ninguna provocación. He
reflexionado mucho ante esa advertencia.
Pudiéramos desgastarnos en clarificar qué es y qué no es una
provocación para gente tan susceptible y terminaremos concluyendo que la
única forma de no provocarlos es seguir el viejo consejo del poeta
Heberto Padilla en sus Instrucciones para ingresar en una nueva sociedad
: “Un paso al frente, y/ dos o tres atrás:/ pero siempre aplaudiendo.
Cada día más ciudadanos cubanos renuncian a seguir estas
instrucciones. Crece entre nosotros un sentido de autoestima que nos
convierte en individuos ajenos a un “nosotros” avasallador. Esto nos
lleva irremediablemente a la desobediencia. “Ellos” a quien no puedo
nombrar como “las autoridades” para no irritar a los otros susceptibles,
tendrán que enfrentar tarde o temprano la realidad que están al borde
de la ingobernabilidad, porque la ira no suele ser paulatina ni moverse
sin prisa pero sin pausa. La ira que se origina al ver pisoteados
nuestros más elementales derechos, salta directamente de la mansedumbre a
la rebeldía.
Como soy optimista y enemigo de la violencia, creo que estamos a
tiempo de buscar un entendimiento. ¿A quién le toca dar el primer paso?
Yo creo que le toca precisamente a “ellos”, iniciando un proceso de
reformas políticas que necesariamente debe comenzar con la
despenalización de la discrepancia política, la disolución de los
mecanismos de represión a quienes piensan diferente y un claro mensaje a
toda la sociedad donde se proclame de una vez y para siempre que en la
Nación se instaurará un legítimo estado de derecho.

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