![]() |
| Hillary y Cristina. Fotografías tomadas de Wikipedia |
El Granma del sábado 21 de abril de 2012 publicó en su página 3 un airado artículo titulado “Prensa de oligarquía financiera yanqui falta el respeto a la Presidenta argentina”, en el que se reproducen juicios emitidos desde los rotativos The Wall Street Journal y The Washington Post criticando la decisión de la señora Cristina Fernández de Kirchner por su decisión de nacionalizar el 51% de las acciones de la petrolera Repsol en la empresa YPF.
The Wall Street Journal sostiene que “deberían sacar a Argentina del G-20 hasta que Fernández se digne a comportarse como un jefe de Estado de verdad y no como un matón” y considera que ‘“Al robar Repsol, la señora de Kirchner pretende aprovecharse de los sentimientos nacionalistas” y hacerse con los suministros de petróleo y los medios para alimentar la maquinaria del clientelismo político”’. Por su parte, según Granma, The Washington Post “faltó al respeto a Fernández llamándola populista, y la acusó de ‘apartarse del progreso económico’ de sus vecinos”. (Citas tomadas directamente del periódico Granma)
Pese a lo limitado de una información descontextualizada, ya que como es usual el más importante periódico de la oligarquía verdeolivo nos priva a los cubanos de la Isla de la posibilidad de leer por nuestros propios ojos los diarios de la “oligarquía financiera yanqui”, tengo la impresión de que aquéllos no andan tan errados en sus consideraciones sobre la Presidenta argentina. Sobre todo en lo de “populista”, que como hiciera más de 20 años atrás el entonces presidente de facto, Leopoldo Galtieri, con trágico desenlace para la nación del Cono Sur, ahora la estirada e impoluta Cristina anda agitando los sentimientos nacionalistas en torno al tema de las Islas Malvinas (o Falklands, depende como se mire) y de paso tratando de exportar el conflicto con Gran Bretaña a toda América Latina.
En fin, que lo más probable es que yo ni siquiera hubiese reparado en la llamada “falta de respeto yanqui” resaltada en la prensa de acá si no fuera porque justamente el día anterior, viernes 20 de abril de 2012, el mismo Granma había publicado en su página 9 un artículo nada respetuoso sobre la Secretaria de Estado estadounidense, Hillary Clinton, bajo el título “¿En el sitio equivocado? La Clinton de pachanga en Cartagena”, del periodista Pedro de la Hoz, donde se pone en tela de juicio el hecho de que la señora Clinton a los 63 años se hubiese permitido la licencia de tomarse una cerveza Águila y tirar sus pasillitos salseros (“rumbosos”, dice el articulista oficial) ni más ni menos que en una discoteca llamada Havana, a propósito de su presencia en Colombia por la Cumbre de las Américas.
Yo no sé a ustedes, pero más allá de simpatías políticas o consideraciones radicales, la imagen de Hillary disfrutando en una discoteca me ha resultado simpática. Lejos de ridiculizarla –como era la obvia intención del alabardero del régimen– se consigue exactamente el efecto contrario: una mujer que a sus hermosos 63 años olvida lo encumbrado de su cargo público y se toma la libertad de disfrutar de una cerveza y contagiarse un poco de los ritmos caribeños no puede menos que despertar mi solidaridad. Me proyecta una imagen de alegría y hasta de reconocimiento a una cultura diferente a la suya. A mí, que este año espero cumplir mis primeros 53 años de vida, también me encanta de vez en vez tomarme una buena cerveza fría y sacudir el esqueleto al ritmo de la salsa, ¡qué caray! Eso no me hace menos respetable, sino más humana. Y que digan lo que quieran los parametradores, los amargados, los censores y detractores de siempre.
Eso sí, no consigo imaginar a una persona tan encartonada y tiesa como la Kirchner echando un pie, no ya al ritmo de un alegre merengue o un sabroso vallenato, sino siquiera dibujando sobre un elegante salón los compases de una milonga rioplatense. Y no la juzgo, que no todo el mundo está obligado a bailar, pero todo esto me recuerda que tampoco tenemos referencias de que los Castro jamás hayan vacilado al ritmo de un chachachá o un mambo. Al final, esto de criticar a la estadounidense solo parece tratarse de preferencias musicales, porque tanto la argentina como los dos hermanos antillanos han aplaudido complacidos en las ocasiones en que el burro de Barinas la ha pegado con rebuznar canciones llaneras ante los micrófonos.
Postdata: A los venezolanos que me leen, no tengo absolutamente nada que objetar contra las llaneras, sino contra el intérprete.


No hay comentarios:
Publicar un comentario en la entrada