martes, 20 de diciembre de 2011

"Lente con Letras". Orlando Luis Pardo Lazo

                                       "Lente con Letras"
     La sección de Orlando Luis Pardo Lazo en Misceláneas de Cuba
                                         Imágenes y textos OLPL



                            Frente de Batalla



      Los carros americanos siguen siendo una quinta columna clavada en el
corazón comunista de la Revolución. Vienen de la prehistoria
republicana y, sin embargo, pertenecen al futuro democrático de la
nación. Duraron, a pesar de la asfixia y los represivos talleres sin
piezas de repuesto, donde los “adaptaron” al cambiarle sus órganos
originales. Pero los carros americanos no son un museo ni mucho menos
un mausoleo de la memoria, estos “almendrones” de cáscara dura no son
sino un plebiscito rodante.

 Por un Martí cristiano de Liberación




No fue en vida demasiado cristiano ni le trajo a su patria demasiada
Liberación, sino una guerra bárbara que asoló a las familias cubanas,
al punto de que él mismo se suicidó en semejante escenario de
caudillos y criminales: su levita negra atrayendo las balas españolas
y los machetazos de remate de un ex-esclavo afrocubano.

Igual su mano levanta hoy un L lúcida más que locuaz. Ese tipo de
piedra noble está en su pedestal como recogiendo firmas en firme, como
reuniendo voluntades verosímiles para darle al sistema socialista su
estocada final (freírlo en su impropia salsa).

Vamos con él, pues. Hagamos una flash-mob descentralizada en el Parque
Central. Subámonos en sus hombros y hasta volvámoslo a orinar (nada
más humano que intercambiar fluidos). Hay que sacarlo de esos
claustros de mármol muerto.


                             Estatuaria 
 



¿Qué queda de la Virtud Tutelar del Pueblo? Qué queda del Progreso de
la Actividad Humana? Todo, por supuesto. Fueron fraguadas para la
posteridad.

El Capitolio fue decapitado como institución. Su decadencia se expresa
con majestuosidad en los funcionarios raídos bajo sus bóvedas y en los
orines de los borrachitos sin patria allá afuera. Algún que otro
grafiti de paso. Andamios y sombras nada más, teatro de marionetas
cubanescas.

El pueblo aprendió las ventajas de huir, como de la peste, de
cualquier rezago de virtud. El progreso era en definitiva un tabú
medio burgués y medio marxista. Nuestra humanidad misma se hundió, por
exceso de levedad. Isla de Corcho, Capitolio desconchado.

Las estatuas están cada madrugada más solas. Se buscan en lontananza
pero ya ni siquiera se ven, a pesar de que continúan a la misma
distancia, custodiando la escalinata.


                             Ciervo Eterno



¿Qué queda de la Virtud Tutelar del Pueblo? Qué queda del Progreso de
la Actividad Humana? Todo, por supuesto. Fueron fraguadas para la
posteridad.

El Capitolio fue decapitado como institución. Su decadencia se expresa
con majestuosidad en los funcionarios raídos bajo sus bóvedas y en los
orines de los borrachitos sin patria allá afuera. Algún que otro
grafiti de paso. Andamios y sombras nada más, teatro de marionetas
cubanescas.

El pueblo aprendió las ventajas de huir, como de la peste, de
cualquier rezago de virtud. El progreso era en definitiva un tabú
medio burgués y medio marxista. Nuestra humanidad misma se hundió, por
exceso de levedad. Isla de Corcho, Capitolio desconchado.

Las estatuas están cada madrugada más solas. Se buscan en lontananza
pero ya ni siquiera se ven, a pesar de que continúan a la misma
distancia, custodiando la escalinata.


                                 Piruetas 



La parafernalia cubana de la pirueta en público, la payasada del
performer que perdió la cabeza o al menos su centro de gravedad.
Equilibrio del desbalance, posición invertida, cosmonauta que levita a
ras de la acera. El público pasa, entre curioso e indolente. Nadie se
involucra demasiado en el espectáculo. Nadie colabora ya con el
artista cubano, por si acaso. La insolidaridad es un buen síntoma para
detectar socialismos. En la platea baja, aplauden los tanques de
basura de importación, a donde siempre puede buscar consuelo nuestro
bufón toda vez terminado su arte del desastre, toda vez que los
músculos de sus brazos dejen de hacer tanto esfuerzo en vano y
comiencen, entonces, a retorcérsele los músculos invisibles de su
falta de digestión.


                              Feliz 2013




Otro año desperdiciado. Otra cifra que nació y morirá siendo vieja.
Adiós al 2012 cubano. Cascarón de popa. Resaca retrovolucionaria.
Hasta los colores se intuyen falsos en este país, colorete que a estas
alturas de la historia no podrá provocar el milagro.

Otro año ido, secuestro del tiempo ciudadano. Nada que celebrar, salvo
la sobrevida. Nada que esperar, excepto sobremorir a una caterva de
líderes antediluvianos.


Salón Misceláneas de Cuba



                                                 Habanas


Después de la lluvia, con tu cámara Réflex en ristre, La Habana se divide o se duplica en dos. Hay un eje real y otro imaginario que las divide, como si fueran sustancias inmiscibles, como si la conexión entre ambas fuese muy precaria, como si estuvieran a punto de separarse, aún siendo una. Hay algo perverso en todo acto reflejo, lo sabemos desde que el viejo Borges nos lo reveló. Pero hay también algo cándido, conmovedor en su ingenua inversión y su don de convergencia o bifurcamiento. Nunca La Habana es más limpia y libre que después de la lluvia, cuando con tu cámara Réflex en ristre eres tú quien la divide o duplica en dos.

                                          Los trabajos




Hay un poema de Juan Carlos Flores, animal congénito de Alamar, que habla de un caballo que caballa constantemente su dura labor. Con la espalda doblada bajo el peso plúmbeo del sol, la columna hace crac y nos hermana en tanto bestias vertebradas. Pujar un poema en prosa, empujar un carretón, pisar los pedales importados de un auto silencioso y cómplice, palpar la soledad subsocialista que habita en las avenidas habanémicas a la hora de las sombras largas. Todo oficio es de ángel. Todo ocio es demoniaco. En cualquier caso, en cualquier cuadra, los caballos continúan acaballados bajo la insoportable levedad de su dura labor.

                                        Borderline
 Llévame al mar. Llévame al manicomio. Llévame al matadero. Llévame allí donde Cuba se acabe, allá donde su gramática no alcance. Pero, por favor, llévame hoy. Ya. Ahora, antes que baje el sol cenital y nuestras sombras nos arrastren, amables, a la casa donde nací. Llévame, de un salto al vacío, para pretender de nuevo que somos 100% felices aquí...


                                                   Plegaria
 Somos peatones de espaldas. Por eso no reparamos en la mano de una mujer que describe un arco de petición, por eso no la reparamos. A plena luz del día, a plena sombra, a plena pena. Es mi madre en trance de misericordia, es la madre de todos caída en su peor bache de miserabilidad. Se esconde ella, acaso por pudor, pero su brazo izquierdo se lanza desfachatado sobre el tráfico de la multitud, que ni siquiera repara en su escondrijo de limosnera. Limón, limón, limosnera. Avanzamos de espaldas. Somos peatones sin ton ni son.

                                       Cucarachas rojas
Recuerdo un film del exilio filmado/firmado por un cubano de Cuba. "Cucarachas rojas", es el título, del habanero Miguel Coyula, que después sería el director de una obra maestra: "Memorias del Desarrollo". Son películas oníricas, donde la realidad es un efecto digital de post-producción, donde la Historia es un fardo demasiado pesado de sobrellevar en nuestra memoria, donde el cuerpo ya sólo nos pide cama (para descansar a nuestro cadáver sin patria), donde el deseo es lo único que sobrevive perversamente a la Revolución, donde somos depredadores de un siglo XXI al que entramos por la puerta de atrás, como si aún el siglo XX nos debiera una explicación, como si aún tuviéramos chance de refundar Cuba en otro siglo XIX, como si la fidelidad excesiva que hemos practicado como pueblo cautivo ahora fuera sinónimo de feudalidad. ¿Qué más pueden hacer unas cuantas cucarachas rojas? ¿Unas pobres y presumidas cucarachitas marxistas? Tomar pastillas y callar. Dormir y boquear. Tenemos derecho a tener nuestras pesadillas en la paz póstuma de este país. ¡Silencio, por favor! Ya se rueda la próxima escena de la peor película...

     Gulliver en el país de los proletarios

Pudo ser un performance de la Bienal de Artes Plásticas de La Habana. Pudo ser el primer plano público de un stop-motion cubano desconocido, ese que, por timidez o tristeza, jamás se filmó. Hombrecitos de plastilina que recorren las aceras cutres de la avenida Galiano en Centro Habana (acaso en Contra Habana). Enanitos en peligro de ser pisados por los titanes que van y vienen de la shopping o del agromercado, con sus viandas y electrodomésticos y piltrafas y productos de aseo, todo disimulado en las consuetudinarias jabitas de nylon (la bandera cubana debiera ser sustituida por una jabita de nylon, que resuena más linda al viento y es un objeto menos biodegradable y sin tanta memoria de la muerte nacional). Pudo ser un set para rodar el clímax de un videoclip de reguetón. Pudo ser labor-terapia grupal para los deprimidos anónimos de la patria. Pudo ser de todo. A mí nadie nunca me dijo nada.

                Revolución divino tesoro


Ya te vas para no volver.


     Sabiduría de Sabina
 












Siempre que luchan la KGB contra la CIA, gana al final la policía. CCCP versus USA. La Guerra Fría aún edita su grotesco guión en la Rampa nuclear de El Vedado, La Habana, Cuba, América. El destino del planeta se decide entre un jabuco cheo del campo socialista y un pullovacho fashion tatuado con el star-spangled banner. Notas desafinadas para actores que son sólo extras, colimados por la aplanadora de nuestro capitalismito estatal. Escobillones y santos de utilería. Tramoya tramposa de los nuevos tiempos en clave de reforma rapaz. Que ningún demagogo demócrata venga ahora a reivindicarlos. En Cuba se suicidó algo más que la ideología.

                            Geometría republicana

Como un baile de cuello partido. La nuda desnucada hacia atrás. Mirar arriba, hacia los cielos neoclásicos de un Capitolio de imitación. Perspectivas impredecibles para leer la arquitectura de una nación, sus símbolos y obsesiones, sus desconchados y su demolición. Mirar arriba, tan lejos, tan hacia atrás: alegrías y ayes que resonaron apenas ayer en el salón más que solitario de los pasos imperdibles.

                                        Democatcia

Un poquito de ternura cubaniche nunca está de más a estas alturas de
la historieta.

Uno diría que los animalitos en Cuba se tratan entre sí con mayor
civilidad que los seres humanos, empeñados en estigmatizarse los unos
a los otros como "ceros humanos".

La "gran familia cubana" nunca fue socialista, como planeaban los
peritos políticos de un materialismo manipulador.

Tal vez aún pueda ser una pequeña familia zoocialista...

                                  Titanes y Pigmeos 

La majestuosidad de lo vertical, lo inflexible que aplasta, donde el
hombre es una mancha olvidada allá abajo, en la subida vertiginosa,
donde el fin supremo justifica los medios mortales empleados para
ascender.

Sea el cielo o su ausencia. Sea Dios o su Utopía en la Tierra.

Las manos delante o detrás, igual esposadas por el destino, dispuestas
a todo contra todos con tal de no dar cada brazo a torcer, con tal de
nunca poner ni la primera mejilla.

Ese ciclo de intolerancias va desde una arquitectura artera, pasando
por la asepsia asesina de lo téxtil, hasta la biología bárbara de los
cubanos. Escapar sería casi un suicidio.

O, preferiblemente, eutanasia.


 
                             Insania, inc.
La danza de la locura comienza a escachar laticas y biografías en
Cuba. La Habana ya tiene pinta de una sala de manicomio institucional.
El país pierde poco a poco la cordura, además de la cuerda. Las
risotadas cubanas lo dicen todo. Reímos en público de nuestro propio
marasmo, como energúmenos. La idiotez como última fase de la
ideología. Estulticia por exceso de Estado. Insania insular, jardines
invisibles de una incivilitud sin cura. Améen...

                             Entre Popes
La cara contrita del Papa germano de Roma, en primera plana de un
periódico con pinta de primer órgano democrático oficial.

La carota de un Pope cubano, en primer plano de la realidad rasa,
arrasada, al margen de cualquier retórica pro-divina o
post-revolucionaria.

Montaje en paralelo. Barbarie de barrotes en paralelo. La Plaza de la
Revolución bien vale una misa.

Mientras las cámaras y micrófonos de la TV nacional arrullaban los
coros angélicos y el rumor asceta de los locutores, las prisiones de
Cuba entera se cerraban de par en par sobre cientos de cuerpos,
secuestros de utilería para asegurar la molicie presidencial y papal.

Arca de la Alianza. Pacto católicomunista al máximo nivel.

Enhorabuena, Nuevos Mesías.
Cubansummatum est...!

              El muro de Berlinabana
El muro  de las lamentaciones. Al Sur del Río Grande, del Estrecho
Hondo. De cara al norte revuelto y brutal que, como la muerte, se lo
comerá todo en la Isla.

Un muralla de astas contra el apetito continental de los Estados
Unidos como hueco negro, de donde no escapa migratoriamente ni la luz.
Hierro vertical contra el Cuban-American Way of Life. Banderas negras
para controlar ese tráfico intenso, unidireccional, esa estampida de
pasaporte sin ticket de regreso.

El muro de La Habana es una metáfora híper-real. Demagogia
triunfalista versus demografía disidente. Barrotes de estatura
inhumana. Barroquismos de una Revolución de retórica retro. Barbarie
de barrio. Mausoleo del mañana. Poesía patria del despotismo.
En
última instancia, "internalismo" proletario.

               Who wants to love forever

Abandonad toda esperanza. Abandonada toda aspereza también.

Pensar en la piedad. Pensar en el despotismo de la piedad, paz póstuma.


Desguasamiento, desquicie. Fidelidad fatua. Trapo tricoloro de tramoya inútil.


Gravedad crónica del mármol, levedad crítica del ave.


¿Quién quisiera volar lejos de tanto reposo? ¿Quien quisiera descansar

para siempre en medio de tanto sopor?
Who wants to live forever?

                       Que viene el Papa 
  Cuesta trabajo darse cuenta en La Habana de que viene otra vez un Papa.

Juan Pablo II llenó puertas y postes con pasquines de "mensajero de la
verdad y la esperanza". Este ni siquiera tiene un nombre memorizable
(las pancartas oficiales lo ignoran).

En enero de 1998 fue un rayito de luz libre tras la peor década de la
historia cubana. En marzo de 2012 será puro ritual
evangélico-burocrático de cara a un futuro tan supuestamente
desarrollista como suculentamente despótico.

Hurra, Ratzinger. Los que no van a morir te saludan. País de sobremurientes.

Milagros del materialismo sacro.



                        Por el ancho mar



Llévame a navegar.

A zozobrar.

A naufragar.

Pero llévame.

No me dejes en tierra.

Por favor.

La maldita circunstancia de Cuba por todas partes.

Por favor.

Barquito de barbarie, mi amigo fiel.

A todos quiero llevar la flor de mi apatía patria.


         Cuba de cabeza contra el ICAIC



Un golpe de viento. Cefalea de tela. Escualo de tres colores
elementales: azul cielo, rojo sangre, blanco pureza.

La bandera cubana vuela presa sobre la fachada falsa del edificio del ICAIC.

Dentro se debaten los vates. Dentro la polémica patria perpetra sus
postulados. Dentro hay criterios acríticos y un poco ácratas.

Intelectualidad inocua, casi inocente. Canción de cuna, de Cuba.

Afuera es la nada. Afuera está mi cámara letrada.

Dentro del ICAIC, todo.

                           HabanAguacero

Soñaba con las nubes como vehículos violentos, algodones de aguachurre
que pudieran borrar la palabra "Habana" del pizarrón. Soñaba con el
fin de la historia materialista a manos de una meteorología
imaginaria. Los finales apocalípticos siempre son memorables, desde la
Biblia. La belleza de la barbarie cautiva nuestra animalidad genética,
de Génesis. Soñaba con nubes arrastradas por el viento del norte hasta
despeñarse contra los rascacielos enanos y las ruinas poscoloniales de
La Habana. Única y exclusivamente La Habana. La apoteosis de Cuba no
sería necesaria. Bastaba con que la ciudad traidora pagara. Soñaba un
aguacero en venganza.


                                    Muletilla

Un poeta cubano la tildó de trapo heroico, buitre burocrático y
bárbaro después de sus horas heroicas. Nadie entendió del todo su
geometría esotérica, hermetismos históricos sin hermenéutica. Se fue
diseminando como un virus inverosímil, como una pandemia patria de lo
imposible. Se le ofreció demasiado a cambio de su nula taumaturgia
textil de tótem. Devino un lugar común, una muletilla del lenguaje
visual. Tricromía para principiantes del despotismo, colorete de éter,
vacuidad de ave que flota no porque vuela sino porque es la pura
volatilidad. Blasón inverosímil. Hoy todavía sobreviven unos cuantos
millones de ejemplares. Sin embargo (o precisamente por eso), sigue
siendo una especie en extinción.

                                     Unidad



Unidad de medida, jueguito de balanzas sin fiel y masas desbalanceadas.

Frente al enemigo externo, unidad. Contra el enemigo interno, unidad.

Unidad como medida de sanidad, como miedo a la enfermedad.

Unidad como uniformidad de síntomas y diagnóstico.

Unidad como uniforme incivil, incivilizado.

Unidad como llamada de urgencia a ras del hundimiento.

Unidad como unicidad, realidad unívoca y lenguaje ultimado, de ultimátum.

La unidad es la unidad y sin unidad no hay unidad.

Puntaje pantragruélico. Pancarta a gritos. Unidad como intimidación,
incluso en la intimidad.

Unidad como unción.

Ave, Unidad, los que van a huir te saludan...


           Los viejos carros americanos


Aferrados a un filito. La mano crispada, tensa hasta el último tendón.
La marca del uniforme mitad como maleficio y mitad como talismán. Los
viejos carros americanos parecen persistir más allá de la Historia y
más acá de la Revolución. Sus carrocerías se maquillan de lujo
metálico para un nuevo cambio de velocidad. Los viejos carros
americanos se alquilan a miserables y a militares sin hacer distingo,
son la encarnación rodante de nuestra demacrada democracia de mercado.
Dentro de sus hierros cincuentenarios todos somos iguales, expuestos a
la misma contaminación carburante. Los viejos carros americanos son
ataúdes en tiempo futuro, cunas de fetos en pasado perfecto.
InCUBAdoras de un pueblo en trance de movimiento que por ahora aún se
aferra a una idea inercial, inmemorial.

   La quinta de los locos 

































La visión de esta ciudad como una escenografía donde incluso las
ruinas sean sólo fachada. La arquitectura de La Habana como pura
exterioridad: architextura... Muros, murallas, murales. Una maqueta
habitada. Ciudad muda, descascarada, debe entonces sobredimensionar el
puntaje de sus pintadas. La Habana grita grafitis oficiales,
insoportablemente insonoros. Son letras laterales, lejanas, en las que
ningún transeúnte repara. Un discurso distante, tangente a la gente.
Convocatorias vacuas para una sociedad sorda de cañón, de carroña, que
sigue de largo hacia un futuro que no se conecta con un hoy que no se
conecta con el ayer. Avanzando siempre sin dejar atrás el mismo lugar.
Pueblo en pabellones. Coágulo comunitario. Elogio de la estulticia.
Habanamabilis insania.
 


          Cielo sobre Celia






















Todo monumento es macabro. Fijación de la materia muriente.
Achatamiento de las dimensiones al punto de la monstruosidad.
Necrolito de pie. Mueca de rigor mortecino. Un poco también burla a la
vida que nos habitó. Títere tétrico para que la memoria de los
sobremurientes se corrompa al compás del cadáver. Todo monumento es
inimaginable y remite siempre a otra cosa. A otro cadalso que se
manifestará en la carne patria todavía no pétrea. Todavía no pútrea.


              ¿Huraco o espejo mágico?


No todas las capitales de América cuentan con paisajes así, de guerra
per-manente pero artificial, escaramuzas inocuas excepto para la
inteligencia.

A La Habana le salen más baches que bares y borrachines. Más baches
inclu-so que desfiles de botas violentas en alguna efeméride nacional.
A ras de asfalto, el espejo de agua masoquistamente duplica nuestra
rala realidad: gente mohína asomada al daño de los edificios, a sus
ínfulas heroicas de mostrar las cicatrices de un bombardeo.

Y, lo más terrible de esta debacle: es aterrorizantemente bella.

                                Boceto

A estas alturas de la historieta patria, la senilidad de los
principales prota-gonistas deviene de nuevo niñez, trazo rupestre,
boceto de lo que pudo ser y no fue.

Los colores de la ilusión ya se han diluido, desangramiento cromático
acu-mulativo de generación en generación. Vaciamiento de la discursiva
oficial, letra hueca que ha de ser llenada con cualquier sinsentido,
acaso con su propio trasfondo.

Pronto será imposible distinguir entre la propaganda a medias
gubernamen-tal y las ironías grafiteras del bad-painting
contestatario. Cuba se convierte con cautela en apenas un contorno del
que todo se puede esperar. Lazo co-rredizo, Ataúd de Pandora donde la
esperanza sigue siendo nuestra más contagiosa y endémica enfermedad.

                              Cangrejo
Con su pelo de brillantina barata y su bigotín de señorito
republicano, pulóver del Ché Guevara, cangrejo torturado en una mano y
latica de limón gaseado en la otra. Todo bajo el sol restallante del
bulevar de La Habana, una de las menos glamorosas calles de esta
ciudad (una de las más percudidamente surtidas en moneda nacional).

Los cubanos abandonamos sin escándalo en cualquier esquina a los bebés
de gatos y perros, para que mueran irremediablemente de hambre sin la
leche materna. Apaleamos por piedad a los peces boqueantes sacados del
malecón. Cortamos cuellos de carnero para comer o en sacrificio ritual
o ambos. Envenenamos murinos y fumigamos mosquitos. Como todo pueblo
civilizado, somos especialistas en la muerte animal. Jugamos con ella
a ser inmortales.

El cangrejo rabia y tritura la latica estatal ante el público de
curiosos y sus comentarios más o menos cómicos. La violencia
octuplicada no se percibe más allá del mudo carapachón. Pero en algún
recóndito órgano por allá dentro, late. Hierve. Estalla.

                                  Lonely

Cuando el azul infinito y libre del mar cubano no alcanza. Cuando el
cuerpo se nos rompió en el día a día desesperado de una isla rodeada
no de agua, sino de arrecifes. Cuando ninguna mano es suficiente para
recuperar nuestra velocidad extraviada, nuestro entusiasmo mitad
ingenuo y mitad infantil. Cuando el tic tac de nuestros pisadas no nos
lleva a ninguna parte, línea discontinua como nuestras biografías sin
vida. Cuando la inercia impera y, sin embargo, no nos aburrimos.
Riendo. En silencio orgulloso. Resistiendo. Esfuerzo efímero. Qué
remedio. Nos alejamos paso a paso hasta de nosotros mismos. Qué
remiendo.

                                  Libertad


Mentira.
Sí se puede bloquear.
Basta con poner en puntaje gigante en todas las pancartas de la patria:

LA LIBERTAD NO SE PUEDE BLOQUEAR.

El lenguaje existe porque la comunicación es imposible.
La palabra sólo sabe nombrar su carencia.

                                                          Horses

Las aceras de mi ciudad a veces se llenan de estatuas de hierro que
imitan inflables. Extraños monigotes de carnavales o animales
domésticos híper-realistas: un caballo, por ejemplo, nada más cordial
que un caballo pastando en plena avenida 23. Son bultos que estorban
el paso de la gente, pero justo por eso están muy bien colocados allí
por la mano del artista y del burócrata que lo autorizó (alianza
conspirativa). Esos bichos metálicos nos obligan un poco a despertar,
a tomar distancia y dar un rodeo, a ser otros.

Serán arte efímero tan pronto como se oxiden (seguro están hechos de
la aleación más barata), pero por el momento son un primer intento
taimado de cambiar las cosas en medio del caos. Disrumpen el paisaje
cansino de nuestra polis, lo comprometen desde su ingenuidad. Invitan
a interpretar, a ser protagonistas de una historia sin héroes humanos.
Son como caballos de una Troya en trance de Transición.



                                Lápidas 
¿Quién sobrevive a quién?

¿La vieja y orgullosa maquinaria de los años cincuenta, que abortó en
Cuba junto al final de su década, o la palabra patria más
perversamente repetida desde entonces?

¿Quién rueda todavía sobre el asfalto percudido y quién ya no podría
permanecer de pie?

¿Chapistería versus chapucería?

¿Slogan comercial versus lema?

¿Aerodinámica retro versus ideología obsoleta?

Pero, ¿quién se atrevería a meterle un buen palancazo a la caja de
cambios de velocidad?

¿Nos hará falta alguna licencia histórica de conducción?


                     Cuba para Cristo




              Cerrado hasta nuevo aviso

Las palabras huelgan.

Páfata, un portazo de la patria en plena cara.

Post-pancartas del proletariado.

Humo. Fidelidad fumante. Una era ya evanescente, desvaneciente, que
sólo pare puertas cerradas en pasado perfecto.

Efemérides fatuas, futuro efímero.

Reflejos ya sin retórica revolucionaria. En todo caso, retruécano retro.

Una imagen puede más que mil novecientos cincuenta y nueve silencios.
Cubansummatum est...!


                                          La lucha 

La lucha continua.

La victoria incierta.

No hay vieja tonadilla patriótica que apuntale el falso techo de una utopía tupida.

Una Habana sin himnos al borde de la post-historia. Basta con empujoncito de mínimo vigor para que no quede una viga en pie.

Ah, vana...!



                                     Ninja Superstar




Colgados en ramilletes, ventanillas afuera.



Eufóricos, a punto del éxtasis, los músculos en tensión. Catarsis contra la catatonia nacional de moda en los adolescentes (y jóvenes (y adultos (y viejos (y demás cadáveres exquisitos)))).



Son niños, pero no tienen edad. Cuba los hace habitar una Habana ahistórica, donde sobrevivir es literalmente un acto de prestidigitación: los dedos como garfios de alpinista, ventosas de anfibios sin fe en otro futuro que no sea el de "enrufarse" en el próximo bus.



La velocidad es su sino, en una epoquita signada por el estancamiento.



Gritan, chillan, aúllan. Allen Ginsberg estaría orgulloso de esta pandilla post-conversacionalista. Huckleberry Howl...


                                     Dreamers


Orlando Luis Pardo Lazo Bertolucci de la barbarie bostezante. Soñadores sub-socialistas a ras de un parque centro-habanero (contra-habanero). El alcohol los crucifica contra el césped. Todos somos un poco Cristos cuando caemos sin misericordia desde la altura vertiginosa de nuestros pies.

La gente pasa y pisa. Sólo los perros son solidarios y comparten el escarnio que nos escupe una multitud de compras durante el fin de semana. Ronqui-dos retrovolucionarios, mientras los dineros indecentes decoran la siesta o el soponcio de los miserables.

El delirium tremens de cualquier cubano me disminuye. No preguntes por quién doblan las pesadillas patrias. Los parias están soñando en público por ti, por mí, por nuestra falta de imaginación privada.


                                           New Age

foto:OLPL

Síndrome de los Nuevos Tiempos, esa tentación recurrente en el socialismo.

Sin rectificación de errores ni tendencias negativas: pa´lante y pa´lante, pero ya sin el comandante... La economía impone su poderío promiscuo.

Donde ayer hubo una pancarta política, hoy se sobrelapa un slogan comercial. Donde la comunidad hacía catarsis gratis, hoy hay comensales de los más caros. Donde se irguió un icono, hoy se tiende un indigente. El mural de los mártires retrocede, con cada efeméride, ante las guirnalditas digitales de Navidad.

Imposible girar en contra de las manecillas del tiempo, que para colmo se agota biológicamente de generación en generación. La pintura partidista ya no alcanza para poblar la patria. Los discursos desean diversificarse a través de la estrategia taimada del palimpsesto pacifista. El monólogo ha muerto en tanto estilo de gobernabilidad.

Síntoma de los Nuevos Vientos. Amarrad las velas históricas, pues el vendaval apenas comienza con el entrante de la carta-menú. El plato fuerte aún amenaza. El postre es por ahora inimaginable.

Camilo y Che, Che y Camilo: nadie los olvidará... (la propina en el sector privado es del 10%, sin derecho a reclamación).


                                              Aom


Rapto. Monosílabo. Irrupción. 

Basta un susurro mágico de inicios del universo para hacer añicos eones de disciplina despótica, impuesta desde la discursiva del poder. Sea el poder del Estado; sea el poder de Dios. 

La política no cabe en un monosílabo.

Aom... 

La muchachada loca y locuaz del grupo Omni Zona Franca, poetas perfor-mers de nuestra post-patria, ha roto muchos mitos y tabúes. Muchas menti-ras y trampas. Mucha violencia vil y violación de derechos. Muchos miedos y mediocridades. 

Cada 17 de diciembre, desde hace 12 años, arrastran en colectivo un made-ro desgarbado hasta la iglesia de El Rincón: literalmente, un garabato... 

Niños, adolescentes, mujeres, ancianos. Todos lo cargan, casi hasta desfa-llecer, no es tarea sólo de los sanos (ellos no son soldados). Es una promesa por la salud democrática de la nación espiritual cubana. Y las promesas se cumplen al pie de la letra, de manera natural y no por dictado, sin esos pa-ternalismos hipócritas a los que como pueblo estamos tan mal acostumbra-dos.

Los padres católicos de El Rincón retienen el aliento cada vez que se alza la guillotina pacífica del garabato en medio del templo. Los gritos de LIBER-TAD, LIBERTAD retumban. La misa cesa. Dios se desdobla. El foco de aten-ción deja de estar en el altar mayor. Es la coronación del futuro, no de la enfermedad. No hay muerte posible con Omni Zona Franca, por eso no en-cajan dentro de la lógica matarife de la Revolución. Y entonces emana ese murmullo magnífico importado desde religiones menos relumbrantes que la católica, pero acaso cortadas mejor a la talla humana. 

Aom... 

Cada 17 de diciembre, desde hace 12 años y hasta la eternidad. 

No lo repetiré. Es simple. En el 2012, ven.


BARRIO BLOG.
Foto: Julio César Soler Baró
Diseño de Imagen: Juan Collins

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