http://larosadescalza.wordpress.com/2011/07/20/gilipollas/
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| Rosa María Rodríguez Torrado |
Las realidades que nos impusieron en Cuba el periodo especial y las inversiones extranjeras, trajeron nuevas formas de expresión que incorporó una parte de la sociedad cubana. Los nacionales vinculados al turismo, al sector diplomático acreditado y a los que trabajan con ciudadanos y monedas extranjeras o convertibles, integraron a su lenguaje vocablos como “señor, señora o señorita” para dirigirse a alguien —como si hubieran emigrado los ‘compañeros y compañeras’ de tantos años— y otras expresiones anglófonos como “llámame para atrás” (call me back), la muletilla “tú sabes” (you know); y las españolas, “¿vale?” para acordar o asentir algo, y el “gilipollas” en sustitución del cubanísimo «comemierda». No encontré un diccionario etimológico para comprobar si realmente el origen de esta palabra es cubano, pero es una imagen que refleja lo identificados que estamos en nuestro argot con esa denominación vulgar. Igualmente, debido a la presencia de empresarios y turistas españoles en los últimos años, y a la retroalimentación con los mismos, se han sumado otras acepciones de contenido erótico, que prefiero obviar aquí.
Los naturales de otros países viajan de turistas a Cuba y buscan “chicas” y “chicos”; no muchachas o muchachos jóvenes, mujeres u hombres para compartir. Y es que cada pueblo tiene sus modismos en el lenguaje y sus propias costumbres que los definen como nación, aunque hablen nuestro idioma. La incorporación de expresiones y prácticas foráneas en una parte de nuestra sociedad, no es un fenómeno local que tenga un trasfondo político, como polemizaban hace poco dos amigos, obedecen a la globalización, que nos interrelaciona en diversas esferas de la vida a escala mundial; a la internet, que nos permite interactuar en tiempo real con muchos sitios del mundo y a la apertura al turismo extranjero en nuestro país, después de casi tres décadas de mantenernos metidos en incubadoras con cristales nevados “para manipularnos mejor”, como diría el lobo de Caperucita.
Por eso no me inquieta demasiado que maticen con extranjerismos nuestro lenguaje. Puedo escuchar que un joven llame a otro “brother”, que asiente con un “that’s ok”, o se despida con un “see you…”, que eso no me quita el sueño; lo que sí me preocupa es la trepidante emigración con la que los cubanos nos hemos naturalizado como ciudadanos del mundo. Eso es más importante y trascendente que las locuciones de nuestro vernáculo español. Dejemos esos recelos para los especialistas más conservadores.
Desapruebo el comportamiento falso, como el de aquellos que en su entorno, descorchan sus represiones y desatan la chusmería propia de su medio y en otros, plastican sus actitudes y con ello etiquetan los lugares, como si ignoraran que debemos comportarnos con educada naturalidad, con independencia de dónde nos encontremos.
Así andamos por estos días una gran parte de los cubanos radicados en nuestro país: los Penélope tejen sueños —con hilo importado— en espera de la llegada de la nave de la democracia; los creyentes de las religiones de origen africano ya no les dan ‘a sus orishas’ del Panteón Yoruba un tambor, ahora los agasajan con violines y más a menudo que antes; y la mayoría aún aguarda frustrada porque “un tío mala leche” nos secuestró los derechos y la libertad. Con la permanente producción en cadena de pobreza que heredamos la generalidad de los cubanos, nos dejan también la triste realidad cotidiana del conciudadano de a pie, que para compensar su penuria económica adorna con piedras foráneas su vocabulario para experimentar cómo «se enriquece» al menos, su lenguaje.
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| BARRIO BLOG. Foto: Julio César Soler Baró Diseño de Imagen: Juan Collins |


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